Entrevista a Alberto Bernal, autor del poemario Sublimante
Alberto Bernal. Villena, 2000. Siempre ajeno a la poesía, incluso estudiando Filología, hasta que tuvo que dar voz a los poemas de Leopoldo María Panero. Pronto entendería que escribir le salvaría. Le dio así una oportunidad a la escritura, a sublimar, a lo grotesco y al perdón, emprendiendo este viaje con su primera obra a los 22 años.
1. Pasar un cuerpo directamente del estado sólido al estado de vapor.
2. Redirigir pulsiones negativas o tratar conflictos a través de la producción artística.
3. Pasar un trauma directamente del estado sólido al gaseoso mediante la poesía.
Háblanos un poco de ti.
Soy un estudiante de Filología (ya demasiado tiempo) y profesor de Inglés al que le apasionan poquitas cosas más que escribir, la familia o tumbarme en silencio en cualquier parte, a veces incluso para leer.
¿Qué podremos encontrar entre las páginas de Sublimante?
Un desastre, un desahogo, un universo lleno de símbolos que acaban por escapar de mi control y evolucionan a su antojo.
¿En qué ingrediente reside la fuerza de este libro?
Se basa principalmente en la transparencia. A la hora de escribir no ha habido ficciones ni filtros. Estos versos nacen en su mayoría de una escritura automática y por lo tanto muy sincera, aunque disfrazada con los mecanismos propios de la poesía y las cosas bonitas.
¿Qué quieres transmitir a través de este libro?
Cualquier cosa: una emoción, extrañeza o un espacio. Sublimante trata de deshacerse de emociones y transformarlas en algo mejor, por lo que, si logro evocar aunque sea una cuarta parte de lo que sentía mientras lo escribía, quedaré satisfecho.
Otro gran objetivo es lograr que mi nombre se evapore de este libro y el lector pueda hacer suyos estos versos, que se pierda en su propio subconsciente y sienta lo que necesite sentir (o dejar de sentir) en ese momento.
¿Cuál fue el último libro que leíste? ¿Por qué lo elegiste?
Mediterráneos de mi buen amigo murciano Daneil Doménech, un poeta genial. Lo leí por pura admiración y pura envidia mala, pero también porque no soporto no leer poesía.
Y ahora qué, ¿algún nuevo proyecto?
No como tal, pero sigo sublimando en verso y espero seguir haciéndolo.
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